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A pesar de que el título de esta entrada parezca un tanto descabellado e incluso molesto, tiene su razón de ser. El Patenón de la Acrópolis de Atenas es, sin duda, el reclamo turístico más importante de la capital griega, que pese a sus encantos sucumbre ante la gran maravilla de la antigua civilización.
No es de extrañar que turistas y estudiosos de todas las partes del mundo lleguen a la ciudad deseosos de contemplar este impresionante templo dedicado a la diosa Atenas Partenos, diosa protectora, construido tras las Guerras Médicas que destruyeron, de manos de los persas, el antiguo templo.
Divisado desde casi todos los ricones de Atenas, el Partenón se alza solemne a la vista de cualquiera, de día o de noche, para dar la bienvenida y acompañar durante toda la estancia.
Llegado el gran momento, y tras la subida inicial, peldaño a peldaño, las ilusiones y emociones cobran mayor fuerza ante el convencimiento de poder contemplar la gran herencia que nos dejaron los antepasados, tanta veces reflejada en los libros.
No es de extrañar entonces, que al levantar la cabeza una vez pasado el pequeño puente de madera que nos conduce irremediablemente al interior del recinto monumental, quede reflejado en el visitante un gesto entre conmovedor y atónito. Encarcelado en medio de multitud de andamios, puede vislumbrarse la silueta de lo que se ha considerado una de las obras más bellas de la antigüedad.
Es evidente que obras de estas características deben estar en continua supervisión y con continuas obras de mantenimiento, pero lo que comenzó hace casi 8 años, y con un tiempo estimado similar al que ya llevan de trabajos en el Partenón de Atenas, se alarga sin especificación y el turista continúa viendo la gran obra de Atenas, de Grecia, en un estado lamentable.
Todo lleva su trabajo y su tiempo, pero es una lástima que no pueda realizarse por partes sin tener que dañar la visión de cuantos pretenden disfrutar de una espectacular experiencia, y deban remitirse a fotografías de hace 20 años para disfrutar de un Partenón visible.
Confiemos pues que en pocos años, aunque continúen por supuesto las obras de mantenieminto, como en cualquier monumento histórico y de interñes general, se pueda rectificar la tremenda expresión que se escucha al salir de la Acrópolis de Atenas: "El Partenón, ¡qué gran decepción!"
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